

Un taxista me contó la historia de un individuo que desamarrándose los pasadores notó una especie de placer que se deslizaba desde su escencia hasta el momento en que aniquilaba un nudo. "Minusculidad temporal, magnanimidad placentera". Curiosamente frente al espejo, él era el nudo más pesado y el único imposible de extinguir (al menos mientras estuviera frente al espejo y sintiera placer por deshacer nudos).
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